Debido a su naturaleza inquieta y gusto por los deportes, los niños y adolescentes tienen un muy alto riesgo de sufrir fracturas, mismas que por el tipo de juegos y actividades presentan ciertas características que las diferencian de las lesiones que suelen presentarse en adultos.


Las fracturas de huesos en los niños se clasifican en:


Fractura de Torus (también se conoce como “fractura en rodete” o “caña de bambú”: sucede cuando la capa superior del hueso es comprimida, causando que el otro lado se doble hacia afuera del cartílago de crecimiento. Es una fractura estable y no hay desplazamiento de los huesos.

Fractura en tallo verde: recibe ese nombre porque el trazo de la fractura es similar al producido cuando se intenta romper un tallo verde. No se quiebra totalmente, sino que se produce una inflexión del hueso desde sus extremos.

Fractura del cartílago de crecimiento: se produce en las placas epifisarias, placas compuestas cartílago cerca de los extremos de los huesos, y puede tener repercusión en el crecimiento de ese hueso.

Fractura metafisaria: la fractura cruza la porción superior o inferior del cuerpo del hueso y no afecta al cartílago de crecimiento.


Según información recabada por el Centro Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud (CENETEC-Salud), casi la mitad de los niños, un 42%, tiene posibilidad de sufrir una fractura de hueso a lo largo del periodo de crecimiento, siendo las más frecuentes:


Fractura de antebrazo y codo: causadas por caídas sobre la mano.

Fractura de tobillo y tibia: al torcerse o doblarse el pie hacia arriba. Frecuentemente ocurren como consecuencia de una caída, un golpe, un accidente o la práctica de algún deporte.

Fractura de húmero: comunes en recién nacidos por un parto dificultoso. También la pueden presentar niños mayores por un golpe muy fuerte.

Fractura de clavícula: puede producirse durante el parto, especialmente en niños de gran tamaño o partos difíciles. Se resuelven sin secuelas. También se puede dar en los niños mayores por un golpe fuerte en el hombro.


La mayoría de las fracturas típicas de la infancia tiene un tratamiento conservador, es decir, que es suficiente con la inmovilización del miembro afecto durante tres a cuatro semanas para asegurar la curación de la fractura. En todos los casos, la recomendación es acudir inmediatamente a los servicios de emergencia para contar con la atención médica especializada que requiera el paciente.