Comencemos por definir lo que es un traumatismo, el cual se considera como una lesión producida de forma brusca por un agente externo a nuestro organismo. Existen diferentes tipos según la lesión producida la cual puede ser del aparato locomotor, circulatorio, nervioso o visceral.

Concentrémonos en las lesiones del aparato locomotor las cuales pueden tratarse de una contusión, herida, esguince, luxación o fractura. Es importante destacar que el aparato locomotor está conformado por huesos, articulaciones y ligamentos, así como músculos y tendones.

En el caso de los traumatismos óseos lo más común es sufrir una fractura cuyos síntomas son dolor intenso al tratar de mover la extremidad afectada, deformidad, inflamación, aparición de hematomas e impotencia funcional.

Traumatismos musculares: los desgarres son roturas de las fibras constitutivas de los músculos. Estas se producen por una preparación física inadecuada antes de realizar prácticas deportivas. Los músculos que más se afectan son los de las pantorrillas y el muslo.

Los Traumatismos articulares son los que provocan lesiones en las articulaciones óseas, entre ellos destacan las luxaciones y esguinces. Las primeras son separaciones permanentes de las superficies articulares que causan dolor intenso, mientras que los segundos son lesiones de los ligamentos que se producen cuando una articulación realiza un movimiento más amplio de normal; recordemos que los ligamentos son tejidos fibrosos que conectan dos o más huesos, cartílagos y otras estructuras.

En caso de que tu hijo haya sido objeto de una lesión traumática, es importante que consultes a un especialista en el ámbito como lo es el Dr. Omar Carlos González Aparicio, experto en Traumatología y Ortopedia Pediátrica.